Con motivo del aniversario del nacimiento de la artista accitana Mariana de la Cueva y Benavides, desde la ‘Asociación de mujeres por una cultura en femenino. Matria’, proponemos conocer a una artista que hasta no hace mucho tiempo se encontraba olvidada en los anales de la historia.
Queremos, con este proyecto, compartir, con toda la comunidad educativa, la figura de una mujer que practicó la pintura y fue reconocida, por ello, en pleno siglo XVII.

Conferencia Ana María Gómez Román

Guadix, la ciudad que vio nacer a Mariana de la Cueva y Benavides tiene dos caracteres. Uno antiguo, monumental y romántico y otro agreste áspero y accidentado. Mariana de la Cueva y Benavides que nació en esta población en febrero de 1623 lo hizo en el seno del matrimonio conformado por Pedro de la Cueva Benavides Carvajal y Juana María de Barradas Figueroa Villarroel, quienes habían contraído matrimonio un año antes y vivían en la parroquial del Sagrario.

Su madre era hija de Francisco Pérez de Barradas Figueroa, seños de Cortes y Graena y alférez mayor de Guadix, miembro por tanto de la poderosa rama de los Barradas, entre cuyos miembros destaca Lope de Figueroa su tío, y cuya casa solariega hoy en día es conocida como Palacio de Peñaflor.
En la vida de Mariana de la Cueva hubo un suceso que marcó toda su trayectoria vital y que, a la postre, sería uno de los principales motivos para que abandonara la ciudad que la había visto nacer. El incidente al que nos referimos, y que también supondría que durante unos años fuera confiada a las monjas clarisas de Guadix, fue la muerte el 5 de octubre de 1635 de su progenitor.

Este hecho supondría que su madre, siguiendo las mandas testamentarias del marido −dictadas el mismo día de su fallecimiento−, se retirara junto con Mariana y su otra hija Catalina al monasterio de Santiago. Al descubrirse que el padre de la pintora había sido envenenado por su propia esposa Juana de Barradas, Mariana se vio obligada a permanecer junto a su hermana con las clarisas. Con ellas recibiría una completa formación hasta que entró en edad casamentera.

Por su condición de mayorazga desposó en 1639 con el granadino Pedro de Ostos de Zayas Torres y Torres Arias de Mansilla, flamante caballero de Calatrava y bastante bien posicionado. Así fue como la pintora dejaba su ciudad natal, Guadix, e iniciaba una nueva vida en la capital nazarí. Lo hacía bajo la protección de su tío Pedro Francisco de Alarcón quien se encargaría de introducirla en el círculo intelectual granadino.

Fue precisamente en la ciudad de Granada donde daría a conocer su faceta como pintora. Durante su matrimonio ya se decantó por pintar cuadros devocionales siguiendo modelos de afamados pintores como El Greco, pero su reconocimiento como artista le llegó una vez viuda.

Fue gracias a su vinculación con la Hermandad de la Caridad y del Refugio, de la que su marido había sido miembro, pudo dar muestras de su arte con total libertad. Dicha institución se dedicada a labores de asistencia a través de un hospital de mujeres situado en la calle Elvira. Para el pequeño templo de este hospital Mariana pintaría en 1672 un total de 6 lienzos de los cuales en 3 de ellos aparece la firma “Cueva”: La lamentación sobre Cristo muerto, San Francisco de Asís y San Francisco de Paula.

La vida de Mariana de la Cueva se apagó el 16 de septiembre de 1688 en la ciudad que la había acogido, Granada. Fallecía en estado de viudedad y sin sucesión, recibiendo sepultura en el monasterio de la Santísima Encarnación de monjas del Carmen Calzado de esta localidad.

Aunque tras su muerte aparentemente su trayectoria como artista quedó silenciada esto no fue así. A los pocos años de su desaparición, en concreto en 1715, su nombre entraba a formar parte de la historia del arte gracias a las palabras que le dedicó el pintor Acisclo Antonio Palomino en su libro El Museo Pictórico y Escala Óptica. Y desde 2017 un cuadro suyo, San Francisco arrodillado en meditación figura entre los fondos del Museo Nacional del Prado.

Sirva este homenaje como reconocimiento a una mujer que supo desafiar los convencionalismos de una época practicando lo que era su gran vocación, la pintura. Sirva también este homenaje como consideración hacia todas aquellas personas a quienes la sombra alargada del olvido ha silenciado su existencia y su trabajo.

IV Centenario del nacimiento de la pintora

Mariana de la Cueva a través del Centro Municipal de Información a la Mujer dependiente de la concejalía de Políticas de Igualdad del Ayuntamiento de Guadix y en colaboración con la Asociación de Mujeres por una Cultura también en Femenino “Matria”. La primera de las rutas guiadas tuvo lugar el día 3 de marzo y permitió recorrer los lugares más representativos de la vida de la artista en Guadix. A lo largo del itinerario, las participantes pudieron profundizar en el papel que desempeñaron las mujeres accitanas en el siglo XVII, contribuyendo a desterrar los mitos y roles tradicionales que aún perduran. Las integrantes de la asociación “Matria” —Ana Gómez Román, Maribel Díez y Marta Pedraza— fueron las encargadas de conducir esta visita guiada, ofreciendo un interesante repaso histórico que puso de relieve la importancia de las mujeres en el devenir cultural y social de Guadix.

La segunda de las rutas tuvo lugar el 10 de marzo y estuvo orientada a dar a conocer la figura de la pintora a los centros escolares. La iniciativa tuvo como objetivo acercar al estudiantado la figura de la destacada pintora local, así como fomentar el conocimiento sobre la historia y el patrimonio artístico de la ciudad. Las personas participantes tuvieron la oportunidad de conocer anécdotas y detalles sobre su formación, sus influencias y el contexto histórico en el que desarrolló su obra, lo que permitió una comprensión más profunda de la importancia cultural de su legado. La actividad también fomentó la reflexión sobre la presencia y el reconocimiento de las mujeres en la historia del arte y la cultura local.

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