Este proyecto tiene, entre otros, como objetivo visibilizar el papel de las mujeres en la historia socioeconómica y cultural de la ciudad, integrando la perspectiva de género en el tradicional formato de los mapas turísticos, algo que se ha logrado gracias a la colaboración de Diputación de Granada y de la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Guadix.
El Mapa Violeta de Guadix relaciona los principales monumentos de la ciudad con las mujeres que han marcado y vivido su historia, brindando tanto a la ciudadanía accitana como a los visitantes una visión más completa e inclusiva de su patrimonio cultural y patrimonial.
Alcazaba
Construida en el siglo XI bajo la dinastía zirí fue por donde debieron pasear las hermanas Ḥamda y Ziyād, nacidas en una alquería llamada Wādī l-Ḥamma, cerca de Guadix.
Descubrimos con ellas, junto con el resto de poetisas de Al-Andalus, una sociedad donde las mujeres alcanzaron unas cotas de libertad y expresión muy superiores a sus contemporáneas, incluso, rivalizaban con los hombres en la conquista de lauros poéticos.
La alcazaba, el zoco —centro neurálgico de Guadix—, la alcaicería o la mezquita fueron espacios también transitados por Çeti Umaleoli, también conocida como Çetevina, antes de la conquista de los Reyes Católicos en 1489.
Después será la morería —Santa Ana— su barrio principal, como del resto de la población musulmana-morisca forzosamente desplazada.
Çetevina fue una de las mujeres que formó parte de la oligarquía musulmana del Wadias del siglo XV y consiguió recuperar, gracias a su tesón y una merced real, los bienes que le habían usurpado las fuerzas conquistadoras castellanas.
Teatro Romano
La colonia romana Acci data del siglo II a.C., pero no es hasta el I d.C. cuando aparece uno de los primeros nominativos en femenino.
El pasado romano de la Accitania arroja ya el nombre de algunas mujeres gracias a la epigrafía. Pertenecían a familias con gran influencia en la Bética o, incluso, merecedoras de quedar su nombre recogido por contribuir al esplendor de la Colonia Iulia Gemella Acci.
¿Era Luparia una romana “nobilísima ciudadana de Guadix”, o una comerciante judía? Lo cierto es que es una de las primeras figuras femeninas mejor descritas por las crónicas del siglo I d.C. También fue una de las primeras convertidas al cristianismo en España, y una parte fundamental en la constitución de la primera diócesis de la Península.
Siglos después, aparecen inscripciones que demuestran cómo las mujeres habitaban lo público y eran benefactoras de equipamientos civiles y religiosos en espacios públicos, dejando su huella a través de monumentos. Ejemplo de ello, es el monumento promovido por Fabia Fabiana dedicado a su nieta Avita.
Convento de Santiago
Fundado por el cardenal Gaspar de Ávalos, a mediados del s. XVI, como convento franciscano de monjas clarisas, fue el primer espacio religioso femenino de Guadix.
Las sobrinas del cardenal estaban entre las primeras que habitaron este convento de clausura.
La pintora accitana Mariana de la Cueva y Benavides, junto con su madre y hermana, se alojaron en este convento en calidad de “doña”, entre 1635 y 1639.
En la guerra de Independencia, las monjas se opusieron a que las tropas napoleónicas usaran el convento como cuartel en 1810, encomendando las llaves del mismo a la imagen de Jesús Nazareno, que albergaba la iglesia parroquial de Santiago aneja al convento.
El Nazareno, cada Jueves Santo, vuelve por sus llaves.
En el siglo XIX, se las conocía por sus productos de repostería, bordados y encajes. Ha estado habitado hasta hace poco, junto con el convento de la Concepción, por las mismas comunidades religiosas originales.
Convento de la Purísima Concepción
Elvira de Carvajal fue la patrona que, en 1558, junto con el deán y el arcipreste de la catedral hicieron posible la creación del convento.
En su interior, además del claustro de cantería, sobresale su escalera claustral del siglo XVII, uno de los ejemplos decorativos del Barroco más sobresalientes de Guadix gracias a la decoración de su bóveda, presidida por un medio relieve de una Inmaculada, donde figura un programa ornamental basado en la lucha entre el bien y el mal, que incluye huesos originales de las monjas muertas.
Este venía a servir de advertencia moral a las religiosas que lo habitaron.
Otro episodio significativo en torno al complejo conventual tuvo lugar el 4 de julio de 1677, cuando se inició un aparatoso incendio en el interior de su iglesia.
Toda la ciudad se volcó para apagarlo y, a duras penas, pudieron rescatar a las religiosas, que hubieron de ser realojadas con sus hermanas de Santiago mientras se reparaban los daños.
Iglesia de Santa María de las Lágrimas y San Agustín
Mencía de Bolaños y Mendoza y su esposo Pedro Ruiz de Valdivia fueron sus primeros patronos y donaron las casas donde se levantaría parte del complejo conventual.
A cambio, recibieron la posesión de la capilla mayor de su iglesia.
Es ahí donde Mencía de Bolaños, tras quedar viuda, se convertiría en la única patrona de este espacio, adquiriendo el papel de garante de la Orden agustiniana.
Cuando la comunidad agustina fue exclaustrada, la iglesia siguió teniendo culto y, a finales del XIX, durante el mes de mayo acogía los cultos a Santa Rita de Casia –abogada de lo imposible–.
Eran muy concurridos porque a los mismos acudían las mujeres accitanas en general, pero especialmente las viudas.
Palacio Villaalegre (Villa Alegre)
Actual sede del Conservatorio Carlos Ros, fue construido por la familia Fernández de Córdoba que, en 1685, lo vendieron a los marqueses de Villalegre, nombre por el que actualmente es conocido y constituye uno de los mejores ejemplos de arquitectura palaciega.
En 1909, fue Casa cuartel de la Guardia Civil y, después de la Guerra, pasó a ser una corrala habitada por diversas familias que compartían patio y el pozo del que sacaban el agua para sus necesidades cotidianas, convirtiéndose en auténticos espacios de socialización de mujeres.
No es de extrañar que surgieran leyendas como la del fantasma de la “señora Luisa”, una antigua vecina, que se pasea por sus dependencias.
Palacio Villaalegre (Villa Alegre)
Actual sede del Conservatorio Carlos Ros, fue construido por la familia Fernández de Córdoba que, en 1685, lo vendieron a los marqueses de Villalegre, nombre por el que actualmente es conocido y constituye uno de los mejores ejemplos de arquitectura palaciega.
En 1909, fue Casa cuartel de la Guardia Civil y, después de la Guerra, pasó a ser una corrala habitada por diversas familias que compartían patio y el pozo del que sacaban el agua para sus necesidades cotidianas, convirtiéndose en auténticos espacios de socialización de mujeres.
No es de extrañar que surgieran leyendas como la del fantasma de la “señora Luisa”, una antigua vecina, que se pasea por sus dependencias.
Centro de Interpretación “Torcuato Ruiz del Peral”
María de Atouguia o Atugía, dama de la reina Isabel, se convierte en patrona de la capilla mayor, junto a su marido Francisco Pérez de Barradas.
Este ámbito expositivo, originariamente, era una iglesia perteneciente al convento de San Francisco, fundado por los Reyes Católicos el 22 de diciembre de 1490.
Isabel de Luján y María de Urrutia fueron otras benefactoras, siendo de las damas más poderosas de Guadix durante los siglos XVI y principios del XVII.
Tras la desamortización, la iglesia de San Francisco siguió en uso mientras que el resto del complejo conventual pasó a manos privadas quienes, en 1878, lo cedieron para el establecimiento de un Asilo de Caridad a cargo de las Hermanitas de los Pobres Desamparados y supervisado directamente por Santa Teresa de Jornet, quienes hacían uso de la iglesia para sus actos y celebraciones religiosas hasta su traslado, en fechas no muy lejanas.
Palacio de Peñaflor
Se inició su construcción a comienzos del XVI por el matrimonio María de Atouguia y Francisco Pérez de Barradas.
Isabel de Angulo y Rodríguez de Toro (1867-1958) y Fernando Pérez de Barradas (1856-1928) fueron los últimos marqueses de Peñaflor y de Cortes de Graena.
Tras enviudar, Isabel es designada albacea del testamento de su marido, en el cual éste manifestaba su deseo de instituir escuelas de oficios para formar a hijos varones de familias desfavorecidas, así como escuelas, asilos, camas de hospital… en Écija y también en la ciudad de Guadix.
Esta fundación benéfica, con el nombre de Excmos. Sres. Marqueses de Peñaflor y de Cortes de Graena, otorgó, desde la década de los años 60, becas de estudio a hijos e hijas de las “clases necesitadas” de la comarca.
En este palacio, la accitana Rosa Martínez Vera habilitó en 1978 un complejo docente, asistencial y residencial para personas con discapacidad intelectual, promovido por la Asociación San José, tras observar cómo su hijo Miguel Ángel estaba privado del derecho a la escolarización.
Primitivo Hospital Real de la Caridad
El hospital comienza a funcionar por orden de los Reyes Católicos en el siglo XVI financiado por la Corona y gestionado por la Iglesia, hasta los años 80 del siglo XX.
Ocupó este edificio hasta finales del siglo XVIII cuando es trasladado al antiguo colegio de los jesuitas. Atendió a la población enferma empobrecida y, en especial, a las niñas y niños expósitos.
Desde el siglo XVI, el hospital contrató a centenares de mujeres de Guadix y comarca, como amas de cría para amamantar en sus hogares a criaturas abandonadas, según aparece en los Libros de cuentas que justifican el pago a mujeres como Mariana García, Sebastiana de la Huerta o Leonor Ximenez.
Hospital Real de la Caridad
(Antiguo colegio Jesuita)
La marquesa de Camarasa, Ana Félix de Guzmán y María de Urrutia, con otras vecinas de Guadix, no todas ricas y privilegiadas, participaron en la financiación y construcción del colegio de San Torcuato de la Compañía de Jesús, al que se traslada el primitivo hospital real, tras la expulsión de los jesuitas en 1767.
Desde el siglo XVI hasta el XX, han trabajado, junto al personal sanitario, lavanderas y hospitaleras que cobraban el mismo sueldo que los hombres, hecho significativo en los siglos de los que hablamos.
A comienzos del siglo XX, esta función se encarga a congregaciones religiosas femeninas buscando optimizar el funcionamiento del hospital. Conocidas y recordadas como “las azules”, fueron las matronas de muchas accitanas, cuidando a las personas enfermas de tuberculosis de la comarca hasta su cierre como centro sanitario a finales de los años setenta del siglo XX.
Plaza de la Constitución
Esta plaza porticada, desde el siglo XVI, ha sido lugar de encuentro de la ciudad y, para nosotras, las mujeres, desde el siglo XVII hasta el XXI, se ha convertido en el escenario en el que hemos podido participar en actos populares, especialmente los relacionados con la festividad de San Torcuato y el jubileo de La Porciúncula.
También esta plaza ha servido para que muchas mujeres regentaran sus propios comercios: el negocio especializado en capotas para señoras que abrió Amalia Benítez en 1892, el estanco de las hermanas “Tururú”, la farmacia de Adela Fajardo, una de las primeras licenciadas de la ciudad.
Y, el más visitado, la pastelería de Francisca Casas Herrera (La señá Frasquita), quien desde 1899 regentaría la más famosa de Guadix: “Pastelería La Oriental”, con especialidades como el tocino de cielo que, aún hoy en día, podemos disfrutar.
El Palacio de Oñate
Encarna Casado Pérez (Guadix, 1938) sustituyó en la gestión del primitivo “Hotel Comercio” a su suegra que, a su vez, lo hizo con la anterior “propietaria”.
Además de empresaria y cocinera de este hotel, ha sido pintora, escultora, galerista y formó parte del primer consistorio democrático de Guadix en 1979, ocupando la concejalía de Cultura, siendo la primera mujer en la nueva etapa democrática municipal.
Al ser Guadix cruce de caminos, la existencia de mesones, posadas, hostales, fondas, hoteles… han sido necesarios y deseables a lo largo de la historia, y, aunque no tenían titularidad femenina, eran gestionados y trabajados por las mujeres del territorio.
Aquí se han hospedado comerciantes, viajeros y viajeras de todos los estilos como la infanta Eulalia –hermana del rey Alfonso XII, escritora y “feminista”– junto a la también aristócrata, escritora y cantante, Triphosa Bates-Batcheller, quienes estuvieron en 1910 siendo todavía fonda, y de cuyo viaje “de incógnito” se conserva el libro Royal Spain of today.
Escuela de Arte
En 1934, Clemencia Morera, junto a Aureliano Castillo, comienza la dirección de un centro educativo que ha sido fundamental en el desarrollo socioeconómico de la comarca.
Al comenzar la Guerra Civil del 36, Clemencia se desligó del Centro retomando su labor como docente en otro centro educativo como maestra en 1942.
La Escuela ofertaba materias poco relacionadas a los oficios a los que se dedicaba la mujer en ese periodo; aun así, de las 395 personas inscritas, 75 eran mujeres, siendo las primeras 19 matrículas de mujeres. Se inscribieron en Aritmética y Geometría, Elementos de Construcción y Dibujo Artístico, también aquí despuntaron las accitanas. Fue al adoptar el plan de 1963, cuando el número de matrículas femeninas comenzó a aumentar hasta casi igualar el de hombres.
Las nuevas especialidades eran: Bordados, Cerámica, Corte y Confección, Delineación, Dibujo Publicitario, Ebanistería, Fotografía, Forja, Grabado y Vaciado.
María Dolores Casas Ruiz, Clotilde Leyva Miranda… son algunas de las artistas y artesanas que se formaron en esta Escuela.
Actualmente, alumnas y profesoras superan el número de alumnos y profesores en todas las especialidades.
Fundación Pintor Julio Visconti
Esta vivienda señorial es una de las más importantes de Guadix. Fue construida hacia 1720 a instancias de Fernando Pérez Pastor y su esposa, la accitana Isabel Molleto Terracina.
Esta dama fue una de las más sobresalientes de su época, nació en 1698 y falleció en esta misma casa en 1734, y alumbró a destacados personajes de la Ilustración española.
El edificio se construyó con cuartos bajos para el servicio de sus domésticas.
En su patio, se aprecian en los capiteles de sus columnas las armas de los linajes del matrimonio: las masculinas, Pérez Pastor, y las femeninas, Molleto Terracina.
Las mismas armas aparecen también pintadas sobre unos escudos que figuran en el frente de la escalera principal. Son reflejo del importante signo de equidad que existía entre ambos cónyuges.
Refugios antiaéreos
Manuela, Carmen, Dolores, Azucena, Juana, Angustias, Celia, Torcuata, María… Al igual que en el resto de las zonas que permanecieron fieles al gobierno republicano, en Guadix, las mujeres son la mayor parte de mano de obra fuera del frente.
Se ven amenazadas por los bombardeos, con sus ciudades devastadas y con la necesidad de cubrir la cantidad ingente de recursos que demandaba la guerra.
Además, contaban con la ayuda de personas refugiadas que huían del avance golpista en España.
Su presencia en los refugios como organizadoras, cuidadoras y mediadoras se hace esencial para la supervivencia física y emocional.
Si cerramos los ojos, las podemos imaginar dirigiéndose al Refugio con sus alpargatas y su delantal de cuadros, cinco hijos, la abuela y el propósito único de cuidar, como siempre.
Mercado de Abastos
Las placeras del mercado —como las llamamos cariñosamente—, son herederas de aquellas mujeres que durante siglos fueron las encargadas de mantener el pulso de la ciudad y el sustento de las familias.
Cada puesto, cada voz que llama la atención sobre sus productos, es una historia de esfuerzo y de constancia.
Ellas han sido, y siguen siendo, el alma de este espacio donde se mezclan los aromas, los colores y las conversaciones cotidianas.
El mercado ha sido siempre un lugar de trabajo, pero también un punto de encuentro y de apoyo entre mujeres.
Allí se compartían recetas, consejos, noticias… y se tejía, entre puestos y balanzas, una red invisible de solidaridad femenina.
Calle Ancha
Durante siglos, esta calle fue uno de los principales ejes comerciales y sociales de Guadix.
En ella se ubicaban tiendas, talleres, pequeños negocios y, sobre todo, los hogares de muchas mujeres que, sin salir de casa, sostenían la economía familiar con sus labores de costura, bordado o venta de productos.
Las costureras, modistas y bordadoras accitanas hicieron de la Calle Ancha un referente de artesanía y buen gusto.
Sus manos daban forma a trajes de fiesta, mantones, ajuar de boda y ropas para los niños.
Era también la calle donde se ubicaban algunas casas de comidas regentadas por mujeres que ofrecían, con sencillez y esmero, el sabor auténtico de la cocina accitana.
Casa de Barthe
El edificio fue levantado en el siglo XIX por Jean Barthe, empresario francés que se instaló en Guadix para explotar las minas de Alquife.
Su esposa, doña Josefa Fernández, fue una mujer conocida por su generosidad y su implicación en obras benéficas.
La familia Barthe destacó por su mecenazgo y apoyo a la vida cultural y social de la ciudad.
En la casa convivían la elegancia burguesa con el dinamismo de un hogar en el que las mujeres tenían voz y presencia activa.
Hoy, esta vivienda recuerda la llegada de la modernidad y el papel que muchas accitanas jugaron en la transición hacia una nueva época.
Villa Amalia
Residencia de verano construida a comienzos del siglo XX, fue encargada por Amalia González de Linares, mujer adelantada a su tiempo, culta y viajera.
En su villa organizaba tertulias literarias y musicales a las que asistían intelectuales, artistas y jóvenes accitanas deseosas de aprender y compartir inquietudes.
Amalia impulsó iniciativas educativas y sociales que, aunque discretas, tuvieron un gran impacto en la formación de muchas mujeres.
Su casa fue un lugar donde se respiraba arte, conocimiento y libertad.
Las cuevas
Las cuevas de Guadix, con sus chimeneas blancas y su horizonte ondulado, no existirían sin las manos de las mujeres que les dieron vida.
Ellos picaban las cuevas, es cierto, pero ellas creaban el barrio: organizaban el hogar, decoraban los espacios, mantenían viva la tradición y la comunidad.
Las mujeres de las cuevas lavaban, cocinaban, criaban, tejían, comerciaban y cuidaban a los suyos.
En la dura tierra del cerro, construyeron un modo de vida que ha llegado hasta hoy. Fueron las verdaderas arquitectas del paisaje humano de Guadix.
Y lo siguen siendo, porque cada cueva habitada, cada patio encalado, cada maceta al sol… lleva la huella de esas mujeres que con su trabajo silencioso hicieron historia.